La Fuente de la Fama

Fuente de la Fama

En una época en el que abastecerse de agua corriente en Madrid era complicado, Felipe V decide dotar a la ciudad de varias fuentes para el suministro de agua, una de ellas fue la Fuente de la Fama. Encargada en 1716 al que entonces era el Arquitecto Mayor de las Obras Reales, Pedro de Ribera, la obra se inició el 14 de junio de 1731 y se terminó el 10 de mayo de 1732, las esculturas fueron obra de Juan Bautista, como se financió con una subida de impuestos, por lo visto el día de la inauguración apareció un letrero en el que podía leerse: «Dios lo quiso, el rey lo mandó y el pueblo lo pagó». Tenía cuatro caños y asignado 14 aguadores.

Fuente de la Fama en Antón Marín. Foto de Aranguren (Imagenes de Madrid, Ayto de Madrid)

Ha sido una fuente viajera, como hemos dicho se instaló en la Plaza de Antón Marín, incluso se la conocía como la fuente de Antón Martín, debido a su mal estado de conservación y a que en su situación molestaba al creciente tráfico de la zona, se desmanteló en 1880 y se llevó a un almacén municipal. En 1907 se decide reconstruirla y se utilizan 68 sillares del desaparecido cuartel de San Gil, se encarga de ello el escultor Ángel García, en 1911 se instala en el parque del Oeste, al empezar la guerra se vuelve a desmontar y se traslada al almacén municipal y en 1941 se lleva al barrio de la Justicia, en los jardines del Arquitecto Ribera, junto al Museo de Historia de Madrid y se pone una nueva base diseño de Luis Bellido, las fechas que aparecen en tres de los cuatro lados son las de creación de la fuente y traslados de la misma (1731, 1911 y 1941). En el cuarto se encuentra el escudo de Madrid.

Fuente de la Fama en el Parque del Oeste. Foto de Antonio Passaporte

En su construcción se combinó granito y piedra blanca de Colmenar de Oreja, el cuerpo del monumento está custodiado por cuatro tritones o delfines, que arrojan agua, se levanta sobre un pilón en forma de trébol de cuatro hojas, la pilastra está adornada siguiendo la moda churrigueresca de la época, hay hornacinas con floreros y cuatro niños sosteniendo cada uno de ellos una concha invertida sobe sus cabezas. Remata la estatua una “Fama” que sopla una trompeta.

​Aunque hoy en día nos parece una fuente impresionante, no siempre fue así. Para los cronistas del XIX, la fuente era un atentado al buen gusto, para Mesonero Romanos era un capricho y una lastimosa aberración, para Madoz, los delfines (tritones) eran grandes, los niños y las hornacinas eran trivialidades y ridiculeces, Fernández de los Ríos afirmaba que Ribera diseñaba borrones de tinta entre dos papeles… hay que tener en cuenta que en esa época se prefería el neoclasicismo frente al barroco tardío que representaban Ribera, Ardemans o Churriguera.

Fuentes y Bibliografía:

Caminando por Madrid

Mirador Madrid

Arte en Madrid

Wikipedia


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