La calle del Toro, leyendas

Esta pequeña calle, es peatonal por fuerza ya que se inicia en unas escalerillas que salen de la Costanilla de San Andrés y termina en otra escalerilla que da a la Plaza del Alamillo 

Calle del Toro desde la Costanilla de San Andrés

La primera historia que se nos cuenta , nos la narra Pedro de Répide, en su libro Las Calles de Madrid «que esta angosta y pintoresca calle, cuya entrada está formada por unas escalerillas, toma su nombre porque en una de las casas hubo durante mucho tiempo las astas de un toro, famoso por su bravura, que había sido lidiado en unas fiestas reales«

Dichas astas producían un ruido semejante a un bramido todos los días, a la misma hora en que se le dio muerte al toro. Ese ruido atraía mucha gente a la calle y con el tiempo se descubrió que lo producía un chaval que desde una casa anexa, soplaba por un cuerno de toro, por lo visto el padre del zagal comerciaba con las astas de toros y disponía de numerosas cornamentas en su domicilio.

Calle del Toro desde la Plaza del Alamillo

Hay otra versión más novelesca y con visos de ser producto de la imaginación popular:

Madrid era musulmana y estaba gobernada por el musulmán Aliatar, que estaba enamorado de la morisca Zaida que vivía en este callejón. Con el objetivo de cortejarla organizó un festejo taurino en la cercana plaza del Alamillo. Uno de los toros sembró el pánico, hiriendo a todos los moriscos que intentaban alancearlo.

Es entonces cuando aparece sobre un caballo alazano, un desconocido caballero cristiano que solicita dar muerte al toro. Le concedieron permiso y logró acabar con la vida del animal. La joven Zaida se enamoró instantáneamente de ese misterioso hombre, que por su valor dejó asombrados a todos. Cuando se quita el yelmo, aparece el mismísimo Cid Campeador.

Preso de los celos, Aliatar ordena la detención del Cid, que ya estaba fuera de la ciudad. Sin embargo, Zaida había quedado completamente enamorada del mítico caballero. Por ello, colocó las astas del toro en la fachada de ese callejón. Se cuenta que cada vez que la enamorada suspiraba, las astas del toro mugían por el amor a El Cid.

El Cid Campeador lanceando otro toro. Grabado de Goya

Esta historia le sirvió de inspiración a Nicolás Fernández de Moratín que la reflejó en su poema “Fiestas de toros de Madrid”:

Madrid, castillo famoso
que al rey moro alivia el miedo,
arde en fiestas en su coso,
por ser el natal dichoso
de Alimenón de Toledo……

…Salió un toro del toril
y a Tarfe tiró por tierra,
y luego a Benalguacil,
después con Hamete cierra,
el temerón de Conil…

…Ninguno al riesgo se entrega
y está en medio el toro fijo,
cuando un portero que llega
de la Puerta de la Vega
hincó la rodilla y dijo:

«Sobre un caballo alazano,
cubierto de galas y oro,
demanda licencia urbano
para alancear a un toro
un caballero cristiano»…

…»como ese doncel que ufano
tanto asombro viene a dar
a todo el pueblo africano,
es Rodrigo de Vivar,
el soberbio castellano»…

El poema entero se puede disfrutar aquí

Fuentes y Bibliografía:

Las calles de Madrid de Pedro de Répide

Poemas del alma

Datoros

De Madrid a la nube




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